Santiago Arranz expone en la UNED de Barbastro

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Hasta el 11 de octubre y en horario de lunes a sábado de 19 a 21 horas, la sala de exposiciones del centro de la UNED de Barbastro acoge 18 pinturas del serrablés Santiago Arranz (Sabiñánigo, 1959).

Con el ciertamente enigmático, a la vez que sugerente título “Pinturas pintadas”, Santiago Arranz reúne en la Sala de Exposiciones Francisco de Goya del Centro de la UNED en Barbastro una selección de cuadros –18 óleos de diversos periodos, tamaños y temáticas– que dialogan entre ellos según las analogías que el artista les otorga, estableciendo un diálogo entre pares, –por afinidades temáticas o estilísticas– que, como el propio Arranz afirma, ponen de relieve que en su ya larga y multidisciplinar trayectoria creativa, la pintura fue el origen.

Nos encontramos frente a un artista que como nos indica su biografía, proviene del campo teórico pero que desde los inicios de su formación como historiador del arte siente una imperiosa necesidad de atravesar barreras, de saltar al otro lado. ¿Vocación o predestinación? difícil conjetura. Y es que, como nos dice el mismo Hesse: “Sobre el instante en que se decide el destino interior de un ser humano siempre se expande una oscuridad, como sobre un misterio sagrado”. Cierto es que Arranz nunca ha renunciado a su faceta de investigador, que admirablemente ha sabido conjugar con esa pasión creativa que le inunda y le ha conducido a transitar por los más variados campos de la creación artística.

Quedan fuera de esta exposición proyectos que han sido determinantes en su evolución hacia la plenitud de su lenguaje plástico, como las obras derivadas de la literatura: Saturnus, Las ciudades invisibles, Kafka… que comenzaron en París a finales de los 80 del pasado siglo, o sus decisivas intervenciones en espacios públicos, basadas en la incorporación de diferentes iconografías originales aplicadas a espacios arquitectónicos muy conocidos en Aragón: Centro de historias en Zaragoza, o la Escuela de Restauración Capuchinas en Huesca, que arrancaron en 1992, con la pintura de dos cúpulas para el edificio municipal El Cubo, de Zaragoza.

De la pintura como voluntad y no como accidente nos habla Santiago Arranz en un pequeño escrito al final de este catálogo, yo añadiría más; de la experiencia creativa, de la técnica, del método y del adiestramiento en el oficio, como voluntad y no como accidente. Parafraseando una vez más al autor de la entradilla de este texto, diríamos que Arranz, en su proceso creativo, desempeña lo que Hesse define como “el imperativo de hacer cuanto debemos hacer para ser plenamente quienes realmente somos”.