Nos educaron para ser leonas….
Nuestras abuelas se casaban con quien escogían sus padres y conocían su vida de memoria, pero el siglo pasado cambió mucho a las mujeres, que se emancipaban de sus padres para depender de sus maridos, hasta la Constitución en el año 1978, podían trabajar con permiso de sus maridos, y los sueldos por ser mujer eran inferiores ya que se consideraban una ayuda para el hogar.
A nosotras nos educó una generación de mujeres con visión de futuro, cuando éramos pequeñas, nos decían, “estudia… así tendrás un trabajo mejor, y podrás casarte y tener hijos, pero ser independiente”. Visto ahora dices, independiente ya soy, pero de mí depende un imperio, un imperio que limpiar, un imperio que organizar, un imperio que trabajar…
Entre leones…
Hemos entrado en un mundo que hasta ahora solo reinaban leones, y sabemos movemos con sutileza. Recuerdo la anécdota de una ingeniera, que estaba recibiendo un curso de peritaje de coches, cuando el ponente describía en tono pícaro la belleza de las modelos que frecuentemente se colocan en las ferias de coches, junto a los últimos modelos, al percatarse que entre los numerosos asistentes había una señora ingeniera, trató de amortiguar el desliz, señalando que este hecho podía ofender a las mujeres, a lo que la ingeniera contestó, que quienes debían ofenderse eran los hombres por subestimar su inteligencia y pensar que iban a picar con ese anzuelo.
Leonas criando
La leona no descansa, siempre con un ojo abierto y otro cerrado; antes de tener hijos se podía caer la cortina de la habitación que ni te enterabas, ahora tu pequeño dice mamá, y vas por el pasillo a oscuras, esquivando esquinas, puertas y paredes, sin tropezarte, le pones a oscuras el chupete, ¿visión nocturna? ¿Sexto sentido? ¿Entrenamiento en un cuerpo de operaciones especiales? Nada de eso, golpes en la rodilla las primeras cincuenta veces.
Por no hablar de la comida, surgen quejas de todos los tipos, que si la comida quema, que si está caldosa, que si “lo rojo no me lo como, lo verde me lo apartas, ahora esta fría”…, y es que ni que en tu casa concediesen las estrellas Michelin. Hay una frase que resume la sentencia final, “pues te lo comes como esté, si no, te lo volverás a encontrar para merendar”.
Solas o en grupo, leonas cazando
Solo hay que ver un par de mujeres en las rebajas. Nada más entrar en la tienda, realizan un barrido ocular y ya saben si merece la pena algo, ojean las piezas, discretamente le dan la vuelta a la etiqueta, y si merece la pena lo agarran y no lo sueltan hasta que no se lo prueban, y cuando se lo prueban, preguntan ¿esto queda así, o no es mi talla? Y la dependienta otra leona haciendo su venta, “se lleva así, claro, además esta prenda es muy elegante y te queda muy bien”, por eso vas con una amiga, que solo con mirarte, ya te lo ha aclarado. Si vas sola te hacen dudar, no sabes si es sincera con la palabra elegante o solo te está cebando. Haces una última revisión mental de todo con lo que combina en tu armario y miras a la dependienta, sonríes y dices: “me quedo esto”, pero en realidad estás pensando, “para mí la liebre, aquí te quedas el gato”.
La Leona y el León
Después de ver tu marido como te las apañas para llegar a todo y estar tan guapa, aunque a veces sueltas un rugido que silencia toda la sabana, él, dudoso, no sabe si vas o vienes y no sabe si ir o venir, te dice con una pícara sonrisa “¿no tendrás un amante?” y tú lo miras pensando “si mira, otro para lo mismo, ni te mantiene, ni te hace el trabajo, ni se ocupa de los niños, ni lleva la organización de la casa, de esos ya tengo uno”, y le dices sonriendo, “cariño, para una cosa que haces, no te escaquees”.
La sombra de la leona
Si al final del día cuando cae el sol y se alargan las sombras, ves en el suelo tu sombra y aparecen dos orejas alargadas, mira bien si lo que sigue es un carro, porque entonces no has sido precisamente una leona, sino una burra que ha cargado con todo y suele suceder que como dice un viejo refrán, la burra cuanto más se atasca más tira.
Si este es el caso, hay que frenar el carro y bajar la carga, cada uno debe asumir su propia responsabilidad, así es como aprendemos todos, los niños pueden asumir responsabilidades a su medida, y encontrarse lo que siembran; si no recogen sus juguetes, se pierden y no aparecen en mucho tiempo, aprendiendo que su madre no es el coche escoba. Si un niño más mayor no hace sus deberes en el tiempo que se ha propuesto, los lleva sin hacer, y sufre las consecuencias de haberse organizado mal, si no siembra esfuerzo, recoge una mala cosecha, y puede que tenga que repetir la siembra, es decir, el curso, pero equivocaciones pequeñas, fracasos pequeños, nosotras también sembramos el que sean personitas responsables con sus pequeñas vidas, y si escogemos el camino fácil, de “déjalo… ya lo hago yo”, eso no es una ayuda es una sustitución y cuanto más les sustituimos, menos posibilidades de aprender les ofrecemos, de aceptar la frustración de que lo que nos proponemos, no nos sale a la primera, de la recompensa al esfuerzo, en definitiva de ganar batallas cada vez mayores, y sentirse cada vez más capaces.
Con nuestras parejas, saber delegar supone que lo que hagan ellos está bien hecho, aunque sea a su manera y no a la nuestra, dejarles terreno para que aprendan otras tareas que asumimos como nuestras, nadie es imprescindible, y si un día no estamos, dejará de sonar el whatsapp, con mil preguntas de nuestra pareja, que se encuentra desbordado por no saber gestionar la casa y los niños.
La sutilidad, la sensibilidad, la intuición, el empeño, la perseverancia y la paciencia, es la habilidad de la auténtica leona, se prepara para la ocasión, la espera y cuando llega la aprovecha, renunciando a la ilusión de control y de perfección, escoge un objetivo posible, que le de lo que quiere, no con el que ponerse a prueba, de esa manera aguanta hasta el último asalto, y por último como leonas, aprender a soltar esas cotas de poder que tanto nos seducen y compartir los logros con todos, sentiremos que realmente todos están más a gusto a nuestro alrededor, porque con nosotras crecen.
La incontestable verdad desnuda de la vida, es la muerte. Vacíate los bolsillos y acumula recuerdos porque lo último que verás cuando ésta llegue, será lo que has vivido. Si hay algo después, lo que tú recuerdes será lo que eres.
BELÉN BERNAD MARZOLA
Licenciada en Psicología por la Universidad de Valencia
Máster en Terapia Breve Estratégica
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