EL SALESIANO JOSÉ ANTONIO MONTULL TORGUET RECIBIÓ LA CRUZ DE SAN JOSÉ DE CALASANZ DURANTE EL ACTO INSTITUCIONAL DEL DÍA DE LA EDUCACIÓN ARAGONESA CELEBRADO LA PASADA SEMANA EN LA SALA DE LA CORONA DEL EDIFICIO PIGNATELLI EN ZARAGOZA.
La Consejera de Educación, Tomasa Hernández, fue la encargada de otorgarle esta medalla en reconocimiento a su labor educativa. «Ha sido un orgullo», explicaba Montull tras este reconocimiento a su trayectoria. En el acto de entrega, que fue muy emotivo y se mencionó el espíritu de Don Bosco, acompañaron a Josan Montull los directores de los colegios de Monzón, y Huesca, Antonio Campo y Ana Isabel Belenguer, junto al salesiano Rufino López. En su discurso, el salesiano tuvo un recuerdo especial por los jóvenes con los que comparte la vida, sobre todo, de los que sufren más o de los que más dedicación necesitan. También recordó a los Claustros de Huesca y Monzón y a todos los educadores del centro juvenil, Club Amigos.
Palabras de agradecimiento de Josan Montull
GRACIAS, DE CORAZÓN
Queridos amigos y amigas:
El pasado 5 de Junio la consejera de Educación, en nombre del Gobierno de Aragón, me otorgó la medalla de San José de Calasanz, el máximo galardón que el Gobierno aragonés le da a un educador.
Fuimos ocho los que recibimos este reconocimiento. Entre estas ocho personas, había quien había implementado un plan bilingüe, o quien había trabajado por la promoción del francés o por la evaluación educativa.
Me llenó de orgullo el motivo por el que me otorgaron este reconocimiento:
Por su vida entera dedicada al servicio de la educación integral de los jóvenes, especialmente de los más necesitados. Con el estilo salesiano de don Bosco, sus palabras acertadas, comprometidas y valientes, ha destacado «por su capacidad de sacar lo mejor de cada joven», logrando ser apreciado por todos y fomentando una «auténtica comunidad de aprendizaje basada en los valores del respeto y la cercanía
Quiero dar las gracias a todos mis hermanos salesianos, a los educadores y educadoras, a los profesores y profesoras, a los monitores y monitoras, a todos los compañeros con los que he compartido mi andadura educativa estos años.
Y quiero dar gracias a todos los chicos y chicas, a todos los adolescentes y jóvenes, especialmente los más vulnerables, que me han permitido acercarme con afecto al recinto sagrado de su historia y me han ayudado a ir descubriendo en ellos y con ellos el sentido de mi vida y el Misterio de Dios.
Vosotros me ayudáis a ser educador. Esta cruz también es vuestra.
Un abrazo.
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