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El Colegio de educación especial La Alegría, en Monzón, se ha convertido este mes de julio en una Fábrica de Campeones. Lo ha hecho de la mano de Valentia, que por segundo año consecutivo gestiona el programa Abierto por Vacaciones del Departamento de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Aragón.

De esta manera, 12 alumnos del colegio han compartido este mes juegos, actividades y, lo que es más importante, una cierta normalidad.

«Los niños han sido los auténticos campeones durante el confinamiento», asegura Cristina Morillo, coordinadora del programa. «Lo han hecho muy bien y son muy conscientes de lo que ha sucedido», explica. Y añade que «cada día que pasa, los vemos más contentos».

El programa Abierto por vacaciones prevé la apertura de los centros escolares durante el verano para facilitar la conciliación entre la vida familiar y laboral. En el caso de los centros de educación especial, como La Alegría en Monzón, supone además un respiro para las familias. «Este año, ese respiro es todavía más importante», reconoce Cristina Morillo. «Gracias a las colonias, los pequeños están recuperando rutinas y actividades fundamentales para ellos. Y además lo hacen acompañados», añade. «Para los niños es ocio; para las familias, respiro», concluye.

El manguerazo: la actividad estrella del verano

Las actividades se desarrollan en el patio y las aulas del colegio entre las 9 y las 14:30 horas. Y aunque este año ha tenido que adaptarse a las circunstancias obligadas por la pandemia, hay actividades que nunca fallan. «Hemos eliminado el servicio de comedor y algunas de las actividades que hacíamos el año pasado, como las relacionadas con la cocina. Pero hemos realizado manualidades, experimentos y una que ha pasado de ser semanal, a convertirse en diaria: ¡el manguerazo!», comenta la coordinadora.

Y es que la seguridad ha sido la premisa más importante en esta edición. «Nos hemos organizado en grupos de tres niños por monitor más una persona de apoyo, de tal manera que cada grupo solo se relacionaba entre sí. Todos los profesionales cuentan con formación y experiencia específica en educación especial. Además, el equipo se ha completado con una enfermera que está presente durante toda la jornada».

Igualmente, se ha tenido en cuenta un aspecto muy importante a la hora de facilitar la adaptación: todas las monitoras conocían previamente a los niños y niñas de este colegio de educación especial.

Cristina Morillo, que ha asumido la responsabilidad de coordinar el programa, trabaja habitualmente con personas adultas en el  Centro Reina Sofía de Valentia en Monzón. Sin embargo, la experiencia con los pequeños le ha resultado igualmente enriquecedora. «Al final son todos individuos diferentes; cada uno en su momento evolutivo y cada uno con sus circunstancias particulares», explica. «Es verdad que está siendo un verano atípico y que nos acompaña la preocupación siempre de que no pase nada. Pero ves a los pequeños disfrutar, reír… y los padres lo agradecen tanto que ¿qué más se puede pedir?», confiesa orgullosa.