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No quiero entrar en debate sobre cuestiones técnicas planteadas en el informe en el que se basa el Ayuntamiento de Monzón para justificar el desmontaje y traslado de la figura del Sagrado Corazón situado desde 1950 en el Castillo de dicha ciudad en la que he vivido durante bastantes años. 

El hecho incuestionable es que las patologías y daños que sufre el citado castillo son debidos a dos elementos fundamentales, el paso del tiempo (algo que afecta a cualquier inmueble o monumento) y el que sin duda es más importante, el abandono, la falta de mantenimiento y el desinterés que durante décadas han demostrado las autoridades responsables de la propiedad del mismo, el Ministerio de Cultura y por defecto el directamente responsable según las leyes vigentes de Patrimonio tanto española como aragonesa, los sucesivos ayuntamientos, que han ejercido la gestión museística del edificio en algunos momentos sin documentación que la avalara.

El ayuntamiento en sus sucesivas etapas ha realizado algunos pequeños parches para ir saliendo del paso pero nunca ha acometido de forma adecuada el problema. La Comunidad autónoma, es decir, el Gobierno de Aragón y la Dirección General de Patrimonio han estado más preocupados por las prohibiciones de determinadas actividades en el castillo (como recreaciones históricas en toda su extensión u otras de carácter lúdico de forma bastante discriminatoria como prohibir la entrada de animales pero en cambio permitir el lanzamiento de fuegos artificiales), o sea un poco a la carta sin reparar en los daños que ello pudiera acarrear a las estructuras del monumento.

Desde mi punto de vista queda pues claro que los daños y las patologías que padece el castillo de Monzón en ningún caso son atribuibles exclusivamente a la presencia de la figura del Sagrado Corazón, presencia debida a la existencia de una etapa histórica más que ha dejado su huella en el monumento, como el templo templario de San Nicolás, la modificada torre del homenaje o la oficina de recepción de visitantes. En mi opinión la presencia del Sagrado Corazón en nada ofende estéticamente (valor opinable según quien lo haga) ni contradice al devenir histórico del Castillo de Monzón que ha pasado por múltiples etapas históricas, lo que me hace opinar que su desaparición supondría a estas alturas querer borrar una de esas etapas y por tanto crear un falso histórico regresando a la etapa anterior a 1949. Imaginemos que por razones estéticas, políticas, de conciencia u otras sobrevenidas, en la ciudad de Barcelona pretendieran eliminar el Sagrado Corazón del templo de su emblemática montaña del Tibidabo, en Rio de Janeiro el del Corcobado o en la isla de Menorca el de Monte Toro erigido en memoria de los héroes de la Guerra de África. En ninguno de esos lugares se les ocurriría tal desafuero. Así pues, en el caso de Monzón estoy seguro que existen soluciones técnicas que permitirían a la vez mantener la estabilidad de las infraestructuras del monumento de forma compatible con la existencia del Sagrado Corazón. Otra cosa son razones de índole político que nunca deben enmascararse con presuntos razonamientos de tipo técnico como a mí me parece que es el caso que nos ocupa.

Hay que ser valientes y dar la cara y no esconderse detrás de informes técnicos como creo que hace en este caso el equipo de gobierno del Ayuntamiento de Monzón.

 

JAIME PERALTA APARICIO

Técnico de Patrimonio

Licenciado en Geografía e Historia