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María Raso Ricol, nacida en Fonz, cumplía el pasado 10 de octubre el siglo de edad, convirtiéndose en la persona más mayor de la localidad focense.

El 10 de octubre de 1916 nacía la mayor de nueve hermanos en Fonz, y el pasado domingo celebraba su cumpleaños en el Hotel Mas Monzón con cuatro de sus hijos, con dos de sus nietas y una biznieta, así como con la familia más allegada, recibiendo flores y muchas felicitaciones.

El Ayuntamiento de Fonz también le rindió un homenaje este lunes por la tarde con la visita en su casa del alcalde del municipio,  Toño Ferrer, acompañado por la concejala de Cultura, María Clusa, quienes le entregaron un ramo de flores y una placa conmemorativa con la siguiente inscripción: “Cuando por los años no puedas correr; trota; cuando no puedas trotar; camina; cuando no puedas caminar usa el bastón. Pero nunca te detengas. ¡Cien años de vida y un centenario de felicidad! Desde el Ayuntamiento de Fonz queremos contribuir a nuestro pequeño homenaje a un día inolvidable para ti y tu familia”.

María Raso goza de un envidiable buen estado de salud y de una privilegiada cabeza. “Estoy algo sorda”, bromea. Su secreto es “salir a andar todos los días por Fonz, porque dicen que andar es bueno”, “comer de todo” y haber trabajado duramente a lo largo de su vida. “De joven me decían que con lo que trabajaba, de vieja no valdría para nada, y yo decía: estaré como Dios quiera, y aquí estoy. No me puedo quejar”, explicó este lunes en su domicilio donde vive con su yerno, nieta y biznieta, y donde recibió la visita de familiares y vecinos.

Prácticamente ha vivido toda su vida en Fonz, salvo desde los 18 a los 22 años en los que estuvo sirviendo en el domicilio de una familia de negocios de Barcelona. La familia catalana se planteó marcharse a Nueva York para hacerse cargo de unos negocios y le propusieron a María que les acompañara. Ella aceptó, pero entonces llegó la Guerra Civil y lo truncó todo.

En Fonz se casó y trabajó como hortelana. “Trabajaba en el campo y me levantaba a las 2 de la mañana para ir a Barbastro, cuatro horas andando para vender judietas tiernas o melocotones. Las uvas las vendíamos en Monzón a los trabajadores”, recuerda.

“Contenta” tras la celebración familiar del domingo, el lunes llegó el turno de las felicitaciones vecinales e institucionales que recibió con su característica sonrisa y amabilidad.