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El Tribunal Supremo ha confirmado la sentencia que condenó a 8 años de internamiento al menor Abraham G. N. por la muerte del guardia civil José Antonio Pérez, de 54 años, en Barbastro en 2016.

Los hechos ocurrieron al saltarse Abraham (que iba con otros 3 menores de edad) un control de alcohol y drogas a las afueras de Barbastro el 4 de marzo de 2016, cuando él tenía 17 años de edad y le faltaban tan solo dos meses para cumplir la mayoría de edad. El Tribunal Supremo ha rechazado que fuera un homicidio imprudente porque su conducción fue "absolutamente inapropiada" y el resultado "previsible".

La Audiencia de Huesca fijó la pena en 8 años de internamiento en régimen cerrado en un centro de menores, elevando en dos años la condena del Juzgado de Menores, por los delitos de conducción temeraria, homicidio doloso, tres delitos de lesiones y uno de conducción sin haber obtenido nunca el permiso. Los otros tres menores que iban con él en el coche, de 17, 15 y 14 años de edad, fueron absueltos de los cargos que se les imputaba.

La defensa del joven recurrió la sentencia de la Audiencia y pidió al Supremo la absolución o en su defecto la imposición de un castigo menor al entender que se trató de un homicidio imprudente y no doloso, o sea, que no tuvo intención de hacer daño, lo que supondría la imposibilidad de acordar el internamiento en un centro cerrado, pero el Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de casación. En sus argumentos el alto tribunal, considera que se produjo una conducta dolosa porque el joven condenado condujo en condiciones "absolutamente inapropiadas para controlar un medio peligroso como es un vehículo, por una vía pública con la persona del fallecido tratando de impedirlo colocándose encima del condenado, impidiendo la visibilidad y el dominio del vehículo", para concluir que "los resultados producidos eran absolutamente previsibles".

Abraham G. N., permanecerá pues ingresado en el centro cerrado de menores de Juslibol (Zaragoza). Hasta que la Audiencia ratificó la condena, durante unos meses estuvo en libertad vigilada, ya que cumplió el tiempo máximo de internamiento establecido por la ley de menores, hecho que motivó cierto nerviosismo entre los vecinos de Barbastro, que no entendían su puesta en libertad tras cometer el atroz atropello y muerte del guardia que conmocionó a la sociedad.